Madrugué como a las 6. Fui al mandado. No tenían aguacates. Hice plática con la señora cajera. Nos pusimos de acuerdo en que las aseguranzas son una tranza. Nos reímos. Vio que me compré un Alani Nu. Dijo: “Ten, este no te lo voy a guardar para que te lo tomes ahorita”. Neta que sí. Me lo tomé en ayunas. No había tráfico en las calles. Desayuné cuando regresé a mi casa. Abrí mi computadora a las 7:30 a. m. Revisé mi semana y resumen diario. Me hice un té de limón y jengibre. Construí, le piqué, me senté con él y desplegué una parte de un nuevo sistema de automatización. Ignoré correos electrónicos. Tomé agua. Luego un té verde. Acabé el trabajo a las 5:30 p. m. Me calenté un sándwich de pollo, espinacas, mayonesa y queso. Me fui en chinga a la laguna para ver el atardecer. Llegué tarde para verlo. Me comí mi sándwich. Espanté todas las moscas a mi alrededor. Escuché “Las Llaves de Mi Alma” en repetición como por 15 minutos seguidos. Anocheció. Tomé el camino largo a casa. Canté en voz alta. Y ahorita me voy a dormir.
Se me están cerrando los ojos,
Erik
